La batería de instrumentos del instituto nacional de salud (NIH por sus siglas en inglés) de Estados Unidos fue creada en un principio el 2004. Su objetivo es “…examinar la función neurológica y comportamental…” (Beaumont, Havlik, Cook, Hays, Wallner-Allen, Korper, Lai,… Gershon, 2013, p.S90).

Para esto se realizó una revisión exhaustiva de 1,400 diferentes evaluaciones para después seleccionar solo 48 de estas, y así conformar una batería de evaluaciones concisa y coherente. De esta forma, dichos 48 instrumentos que componen la batería son capaces de evaluar, a personas desde los 3 hasta los 85 años, los dominios “…motor, cognición, sensación y emoción…” (Beaumont, Havlik, Cook, Hays, Wallner-Allen, Korper, Lai, Gershon, 2013, p.S87).

En todo el proceso se buscó usar métodos vanguardistas en relación con la ciencia, para que las evaluaciones sean “…precisas y eficientes y aseguren su utilidad a lo largo de la vida” (Beaumont, Havlik, Cook, Hays, Wallner-Allen, Korper, Lai, Gershon, 2013, p.S87). Por último, se buscó que las evaluaciones de los individuos pudiesen interpretarse desde un marco de referencia normal. Es decir, que las puntuaciones de los individuos pudiesen compararse con la población en general, o de su misma edad, etc., en el contexto estadounidense (Beaumont, Havlik, Cook, Hays, Wallner-Allen, Korper, Lai, Gershon, 2013).

Para la realización de normas de comparación del desempeño esperado en las evaluaciones, se seleccionaron 4,205 individuos en los Estados Unidos. Esto es de 25 a 100 individuos que mostraran el desempeño normal de las personas no institucionalizadas y con adecuado funcionamiento vestibular, visual y motor, que hablan inglés y/o castellano, que fueran hombres o mujeres. A todo esto, además se los dividió por edades para estimar como una persona normal de una edad determinada debería de desempeñarse con relación a otras de diferentes edades. Para aumentar la representatividad de la creación de dichas normas, se recolectaron también otras variables como el nivel de educación de los adultos y, en el caso de los niños, de los padres, al igual que la raza/etnicidad de todos los participantes. En todo el proceso el propósito fue que cualquier sesgo sea evitado, maximizando a la vez la precisión y de los estándares de comparación (Beaumont, Havlik, Cook, Hays, Wallner-Allen, Korper, Lai, Gershon, 2013).

Como se mencionó, la batería de instrumentos del NIH tiene también una versión en castellano. Hubo luego una revisión y actualización de la versión en castellano, para los instrumentos pertenecientes al dominio de la cognición, con el objetivo de obtener una mayor precisión con las normas de comparación. Primero, realizando traducciones del inglés al castellano con el método FACIT usado con anterioridad para cuestionarios de salud, tomando en cuenta también variables interculturales (Bonomi, Cella, Hahn, Bjordal, Sperner-Unterweger, Gangeri y Zittoun, 1996) (Eremenco, Cella y Arnold, 2005). Y segundo, el cambio de palabras e ítems entre las versiones en inglés y castellano, dejando de lado la traducción. Lo cual era necesario para adaptar las evaluaciones a la frecuencia, dificultad, regularidad, relevancia en el vocabulario y bagaje cultural de los hispanohablantes. De esta manera, medir la capacidad cognitiva real que tienen los hispanohablantes en Estados Unidos (Casaletto, Umlauf, Marquine, Beaumont, Mungas, Gershon, Heaton, 2016).

Asimismo, se tomaron en cuenta otras variables demográficas para personas cuya lengua dominante era el castellano. De esta manera, se pudo representar con exactitud los estándares de puntajes que las diferentes personas con diferentes bagajes culturales, diferentes estatus socioeconómicos, educación y, por supuesto, edades, podrían obtener. Con la edad, se analizaron los puntajes diferenciando a los niños de adultos, pues ya se había realizado un estudio de 1020 sujetos que sugería análisis estadísticos más potentes para resaltar la importancia de la relación entre la edad con los puntajes obtenidos en las evaluaciones (Akshoomoff, Newman, Thompson, McCabe, Bloss, Chang, Jernigan, 2014). La finalidad entonces fue poder determinar “…el desempeño esperado acorde a la edad (ej. escuela o entornos de trabajo) o la comparación con otros desempeños ajustados-solo-a-la-edad en otros instrumentos cognitivos…” (Casaletto, Umlauf, Marquine, Beaumont, Mungas, Gershon, Heaton, 2016, p.7).  Es decir, saber si un niño, niña o adulto tiene el desempeño cognitivo esperado para su edad y compararlo con otras etapas del desarrollo. Para esto la muestra seleccionada fue de 408 adultos y 496 niños (Casaletto, Umlauf, Marquine, Beaumont, Mungas, Gershon, Heaton, 2016).

La dimensión cognitiva del estuche de instrumentos de la NIH, tiene un puntaje compuesto. Integrado por las habilidades flexibles y cristalizadas. Las primeras son “…habilidades que cambian a través del desarrollo con un rápido aumento en la niñez que alcanzan su auge en la adultez temprana y disminuyen con el acrecentamiento de la edad.” (Catell citado por Casaletto, Umlauf, Marquine, Beaumont, Mungas, Gershon, Heaton, 2016, p.2). Mientras que las habilidades cristalizadas son “conocimiento semántico aprendido (ej. lectura y vocabulario) y en gran parte reflejan las experiencias educacionales, culturales y de vida propias” (Casaletto, Umlauf, Marquine, Beaumont, Mungas, Gershon, Heaton, 2016). Estas aumentan en la niñez y tienden a hallar estabilidad una vez llegada la vida adulta. Promediadas, estas habilidades van a terminar por señalar la capacidad cognitiva total de una persona, muy parecido a los puntajes de coeficiente intelectual o CI (Casaletto, Umlauf, Marquine, Beaumont, Mungas, Gershon,… Heaton, 2016). Lo que aquí en Bolivia se busca es aumentar otras evaluaciones validadas para que el puntaje cognitivo sea equivalente a las medidas de CI.

La batería cognitiva del NIH contiene diferentes subdominios que son evaluados, seleccionados por 293 expertos en Estados Unidos. 44 de ellos fueron entrevistados, vía telefónica, para confirmar la importancia de los subdominios seleccionados. Por último, una extensa revisión de la literatura ratifico su importancia neurológica y para la función comportamental. Por último, comités continuaron revisando la información obtenida dos veces al año durante la construcción de la batería (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon, , p.5). Se mencionan ahora cada una de estas:

  • Función ejecutiva y atención: Se incluye atención ya que la atención selectiva es evaluada a través de una de las medidas de la función ejecutiva. De esta forma, la función ejecutiva “consiste en un número de distintos tipos de operaciones mentales, subsumidos por el término, “control cognitivo”, que están involucrados en la modulación de arriba-abajo de la actividad dirigida al objetivo” (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon, , p.4). Esta puede ser dividida en tres componentes: El control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la memoria de trabajo. Esta última es considerada un subdominio en sí (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon, ).
  • Memoria episódica: “La capacidad de almacenar recuperar información, es crítica para la adquisición de conocimiento y para construir habilidades de adaptación” (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon, , p.5)
  • Lenguaje: “la competencia en el lenguaje es una habilidad fundamental que sostiene muchos otros aspectos de las funciones cognitiva, social y comportamental” (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon, , p.5)
  • Memoria de trabajo: Relacionada con el procesamiento de la información al igual que el almacenamiento (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon).
  • Velocidad de procesamiento: “…se refiere a la velocidad con la que simples operaciones cognitivas pueden ser realizadas…” (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon, p.6)

Para confirmar la validez, convergente y discriminante, de los instrumentos que componen cada uno de los subdominios, se reclutaron a 476 personas para ser evaluadas con dicho objetivo. Comparándose así los instrumentos con varias evaluaciones ya validadas en Estados Unidos y dejando de lado los instrumentos que no tuviesen los más altos grados de validez, permanecieron en el estuche solo los instrumentos de más alta calidad. Esto no fue necesario para las evaluaciones que ya tenían un largo y extenso respaldo científico. El mismo proceso de validación, descrito aquí para el dominio cognitivo, fue realizado para los otros dominios; motor, sensación y emoción (Weintraub, Bauer, Zelazo, Wallner-Allen, Dikmen, Heaton… Gershon, , p.6).

 

  • Todos los instrumentos tienen abordajes tecnológicos y psicométricos, pertinentes a los últimos avances científicos.
  • Las evaluaciones son concisas, rápidas y precisas. La mayoría de las evaluaciones no tardan más de 5 minutos. Los auto-reportes o reportes de otros (tutores) no tardan más de 1 minuto.
  • Los instrumentos se construyeron en base a la teoría de respuesta al ítem, adaptándolos para las examinaciones computarizadas. Esto implica que los efectos de techo o suelo, problemas comunes en evaluaciones clásicas de inteligencia y otros, fueron disminuidos. Además, la teoría de respuesta al ítem permite que las evaluaciones sean más rápidas.
  • Más de 300 científicos, junto con personal de apoyo, de 60 diferentes instituciones en Estados Unidos permitieron el desarrollo del Estuche de Instrumentos de la NIH.
  • 48 evaluaciones forman parte de la versión final de la batería de instrumentos de la NIH. Estas fueron probadas en más de 4,000 personas para poder diseñar estándares de desempeño normal. Esto fue realizado por edad, raza/etnicidad, en inglés, español y por sexo.
  • La versión en castellano fue revisada y actualizada para adaptarse con mayor precisión a la población hispanohablante en Estado Unidos. La adaptación lingüística buscó acercarse a la universalidad del idioma, para que toda persona cuya lengua dominante sea el español pudiese entenderla.
  • El estuche de instrumentos compara las puntuaciones obtenidas de una persona de un estatus socioeconómico específico, con un grado de educación alcanzado (en el caso de los niños, con padres que alcanzaron un determinado grado de educación) y de su misma edad, con el desempeño normal que tendrían personas con las mismas características sociodemográficas.
  • Debido al diseño de instrumentos, permite la evaluación de los mismos constructos a través de diferentes edades, lo cual facilita determinar los cambios en el desarrollo a través del tiempo.